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La Naturaleza

por Romen
martes, 13 de mayo del 2008 a las 12:11

LA NATURALEZA

Indice

1. Los sentidos de «la naturaleza» y «lo natural»

 

1.1. El sentido metafísico

1.2. El sentido físico

1.3. Hacia una caracterización de lo natural

2. Caracterización de lo natural

 

2.1. El dinamismo natural

                a) El dinamismo ante la experiencia ordinaria

                b) El dinamismo ante las ciencias

                c) La materia inerte

                d) El alcance del dinamismo natural

                e) Dinamismo y vida

                f) Materia y leyes

2.2. Pautas estructurales

                a) La estructuración ante la experiencia ordinaria

                b) La estructuración ante las ciencias

                c) Pautas y estructuras

                d) El alcance de la estructuración

                e) Estructuración espacial y temporal

2.3. El entrelazamiento del dinamismo y la estructuración

2.4. Caracterización de lo natural

3. Delimitación de¡ ámbito de lo natural

 

3.1. Lo natural y lo artificial

3.2. Lo natural y lo racional

3.3. El ámbito de la realidad natural

3.4. Propiedades de lo natural

                a) Lo corpóreo

                b) Lo sensible

                c) Lo material

                d) Lo espacio-temporal

                e) Lo cuantitativo

                f) Lo necesario

4. Interpretaciones filosóficas de la naturaleza

 

4.1. La caracterización aristotélica

4.2. El mecanicismo cartesiano

4.3. Procesualismo y energetismo

                Uno de los conceptos básicos que debe analizar la filosofía de la naturaleza es, obviamente, el concepto mismo de «naturaleza». Esta es la tarea que se propone el presente capitulo. Sin embargo, hay que advertir desde el principio que esa tarea no es fácil. Existen, en efecto, diferentes significados de los términos «naturaleza» y «natural» y, además, las discrepancias no se refieren sólo al uso de los términos, sino que se extienden a su contenido real.

                El capítulo está dividido en cuatro apartados. En el primero se analizan los significados de la naturaleza y lo natural, y se determina el sentido que aquí se empleará. En el segundo se propone la caracterización de lo natural que se utilizará a lo largo de este libro. En el tercero se utiliza esa caracterización para delimitar lo natural frente a lo artificial y lo racional, y se muestra cómo esa propuesta recoge ventajosamente las propiedades que suelen atribuirse a lo natural. Por fin, en el cuarto se compara nuestra propuesta con otras interpretaciones, con objeto de delimitarla mejor, mostrando los puntos de coincidencia y de discrepancia.

1. Los sentidos de «la naturaleza» y «lo natural»

 

                Un estudio completo de los significados de la naturaleza y lo natural exigiría análisis muy amplios[1]. Lo que aquí importa es señalar los significados principales, en vistas a conseguir una base adecuada para examinar los interrogantes que se plantean en torno a la naturaleza.

                El sustantivo «naturaleza» suele utilizarse con dos sentidos principales: para referirse a «la naturaleza de algo»(es lo que denominaremos sentido metafísico), y para indicar «la Naturaleza» como el conjunto de los seres físicos (lo denominaremos sentido físico). Vamos a examinar estos dos sentidos, viendo al mismo tiempo como se utiliza el adjetivo «natural».

1.1 El sentido metafísico

                En el primer sentido (metafísico) se habla de la «naturaleza de algo» para indicar lo característico de ese algo, o sea, su índole propia, lo que le pertenece de tal modo que sirve para distinguirlo de todo lo demás. El «algo» de cuya naturaleza se habla puede ser cualquier cosa: en efecto, se habla de la naturaleza del hombre, de un problema, de una disciplina científica, e incluso de la naturaleza de Dios. Se trata, por tanto, de un sentido que se aplica a realidades muy diferentes: puede aplicarse a todo. Por eso hablamos, en este caso, del sentido metafísico del concepto de naturaleza, porque no se limita a lo físico, material, corpóreo, sino que puede aplicarse también a lo espiritual y a lo cultural. En este sentido, el concepto de naturaleza es semejante al de «esencia», que expresa el modo básico de ser.

                En este sentido, lo natural viene caracterizado como lo espontáneo, que responde a un principio interior. Algo se considera «natural» si corresponde al modo de ser propio de un sujeto. Puede tratarse de una propiedad o de un modo de actuar. En el primer caso, es natural al hombre, por ejemplo, ser racional, porque la racionalidad es una capacidad específica del ser humano. En el segundo caso, es natural una actividad que tiene un origen interior, de tal manera que, aunque esté condicionada por circunstancias externas, responde a un núcleo interno que se despliega con una autonomía propia. En ambos casos, lo natural equivale a lo espontáneo, a lo que no es violento o forzado, a lo que responde a un principio interior. Los términos «espontaneidad» y «naturalidad» se utilizan en muchos casos como equivalentes. La espontaneidad se relaciona con la expansión natural, de acuerdo con un movimiento propio y con independencia de interferencias externas. Evidentemente, este sentido de lo natural se aplica tanto a lo material como a lo espiritual; es el que corresponde al sentido metafísico de la naturaleza.

1.2. El sentido físico

                En el segundo sentido (físico), se habla de «la Naturaleza» para designar el conjunto de los seres y procesos naturales que, por lo general, vienen identificados con lo corpóreo y material. Aunque este sentido es suficientemente claro para las necesidades del lenguaje ordinario, plantea problemas si se intenta utilizarlo de modo riguroso, porque depende de qué se entienda por «ser natural», o sea, del sentido que se dé al adjetivo ,«natural». El análisis debe desplazarse, por tanto, del sustantivo «naturaleza» al adjetivo «natural».

                El término «natural», aplicado al mundo físico, puede designar:

                 a) Lo natural como distinto de lo espiritual. Es frecuente calificar algo como «natural» para distinguirlo de lo «espiritual» o de conceptos relacionados con lo espiritual tales como lo «racional» o lo «libre». Evidentemente, este significado no siempre coincide con lo «natural» en sentido metafísico: si se identifica lo natural con lo que proviene de un principio interior, lo «racional» será «natural» al hombre; por el contrario  si se contrapone lo natural a lo racional, ser racional designará una dimensión humana diferente de las dimensiones naturales.

                b) Lo natural como distinto de lo artificial. Además, lo natural se define a veces como aquello que no depende de la intervención humana, en oposición a lo «artificial», que es un resultado de la actividad humana. Este significado se puede aplicar tanto al mundo físico como al mundo espiritual, aunque suele aplicarse a lo físico.

                c) Lo natural como distinto de lo sobrenatural Por fin, lo natural se contrapone a lo «sobrenatural» cuando se distinguen los comportamientos que se realizan de acuerdo con las leyes naturales frente a posibles intervenciones divinas que están por encima de esas leyes. En este sentido, puede considerarse natural tanto lo físico como lo espiritual (si se admite que lo espiritual pertenece a la naturaleza humana), aunque en la vida ordinaria frecuentemente se identifica, de modo poco preciso, lo espiritual con lo sobrenatural.

1.3. Hacia una caracterización de lo natural

                El análisis recién expuesto muestra que los términos «naturaleza» y «natural» no tienen un significado unívoco.

                Para centrar nuestra reflexión filosófica sobre la naturaleza debemos delimitar el objeto de nuestro estudio, y para ello debemos precisar en qué sentido utilizaremos los términos «naturaleza» y «natural». No se trata, sin embargo, de un asunto fácil, porque ésa es precisamente la tarea de la filosofía de la naturaleza: explicar cuál es el sentido, el alcance y el fundamento de la naturaleza y de lo natural. ¿Cómo podemos precisar desde el comienzo el sentido de lo natural, sin introducir reflexiones filosóficas que deberán fundamentarse paso a paso?, ¿no se corre el peligro de dar por supuesto, desde el principio, lo que debería ser objeto de demostración?

                 Nuestra intención es sentar unas bases que se encuentren sólidamente establecidas, que puedan servir como fundamento a una reflexión filosófica rigurosa. Por este motivo, vamos a proponer, en primer lugar, una caracterización de lo natural que refleja fielmente, de acuerdo con los conocimientos científicos actuales, los rasgos fundamentales de la naturaleza material. Después de analizarla, mostraremos que permite distinguir con suficiente claridad lo natural frente a lo artificial y lo racional, y que además integra, bajo una nueva perspectiva realista y fecunda, las diferentes propiedades que suelen atribuirse a lo natural[2].

2. Caracterización de lo natural

 

                Nuestra caracterización se centra en dos aspectos básicos de lo natural: la  existencia de un dinamismo propio y de pautas estructurales. Se trata de dos dimensiones reales de lo natural, que se manifiestan ampliamente tanto ante la experiencia ordinaria como ante el conocimiento científico. Lo natural posee un dinamismo propio cuyo despliegue sigue pautas temporales y produce estructuras espaciales que, a su vez, son fuente de nuevos despliegues del dinamismo natural. Por tanto, lo natural puede caracterizarse mediante el entrelazamiento del dinamismo y la estructuración_ espacio- temporal, y de tal modo que las estructuras espacio-temporales giran en torno a pautas específicas que se repiten.

                La naturaleza posee un dinamismo propio, independiente de la intervención humana, que se despliega a través de una gran variedad de procesos de acuerdo con pautas espaciales y temporales. Dinamismo y estructuración son dos características básicas de la naturaleza que se encuentran estrechamente relacionadas: las estructuras son el resultado del despliegue del dinamismo y también son fuente de nuevos despliegues del dinamismo. El entrelazamiento del dinamismo y la estructuración proporciona una clave que resulta decisiva para conseguir una representación fidedigna de la naturaleza.

2. 1. El dinamismo natural

                La naturaleza tiene una autonomía propia. Podemos intervenir en los procesos naturales, pero no podemos modificar sus leyes; en este sentido resulta verdadero el dicho de Francis Bacon: sólo podemos vencer a la naturaleza obedeciéndola[3], esto es, conociendo y utilizando sus leyes propias.

                De modo negativo, la autonomía de lo natural implica una independencia respecto a la intervención humana. De modo positivo, expresa que las entidades naturales poseen un dinamismo propio.

                El término dinamismo proviene del griego dynamis, que significa fuerza, poder, capacidad. Afirmar que las entidades naturales poseen un dinamismo propio equivale a afirmar que no son sujetos meramente pasivos a los que se añada el movimiento como algo externo, sino que poseen una actividad propia, un dinamismo interno que no depende sólo de las acciones que se ejercen sobre ellas.

                El dinamismo natural puede considerarse tanto en el nivel de la experiencia ordinaria como en el de las ciencias. A continuación se examina el dinamismo en esos dos niveles, añadiendo algunas reflexiones que ayudarán a precisar su sentido y su alcance.

a) El dinamismo ante la experiencia ordinaria

                Ante la experiencia ordinaria, la naturaleza aparece como un ámbito de seres que tienen un dinamismo propio, o sea, un modo de actuar que es independiente de nuestra intervención. Podemos intervenir en el desarrollo de los procesos naturales, y de hecho lo hacemos (la técnica es una actividad de ese tipo), pero no podemos crear ni modificar el dinamismo natural: solamente podemos conocerlo y  utilizarlo de acuerdo con nuestros fines.

                Ese dinamismo propio se manifiesta en todos los ámbitos de la naturaleza. Es patente en los vivientes, los astros, los fenómenos atmosféricos, el aire, el agua, e incluso en la Tierra, que muestra su dinamismo en los terremotos y erupciones volcánicas.

                Sin embargo, existen muchas entidades que no parecen exhibir un dinamismo propio, y que suelen denominarse materia inerte. Además, desde la antigüedad se han propuesto interpretaciones según las cuales lo natural se explicaría, en último término, recurriendo a entidades que no poseerían un dinamismo interno, sino solamente movimiento local (desplazamiento de lugar); estas interpretaciones, de tipo atomista y mecanicista, adquirieron nuevo auge cuando, en el siglo XVII, nació sistemáticamente la física moderna, que utilizaba ampliamente modelos mecánicos. Es preciso, por tanto, examinar la cuestión con mayor profundidad, viendo qué dicen las ciencias al respecto.

b) El dinamismo ante las ciencias

                Los conocimientos científicos actuales manifiestan con claridad que el dinamismo natural es una característica básica de las entidades naturales en todos los niveles, tanto en el nivel microfísico (partículas subatómicas, átomos y moléculas) como en el macrofísico (entidades observables).

                El nivel subatómico está completamente impregnado de dinamismo. Las partículas subatómicas no son entidades pasivas ni inmutables: se transforman unas en otras, y se encuentran estrechamente relacionadas con los procesos energéticos; incluso su masa, que es una de las propiedades más características de la materia, suele expresarse en unidades de energía. Los átomos y las moléculas interaccionan y se transforman; se conocen millones de reacciones químicas en las cuales los átomos y las moléculas se combinan, se descomponen, dan lugar a nuevos productos. Los compuestos físico-químicos, desde los minerales hasta las estrellas pasando por los líquidos y gases, poseen un dinamismo que, en ocasiones, queda oculto porque existen estados estables de equilibrio: pero siempre se trata de equilibrios dinámicos que pueden alterarse cuando se dan las circunstancias apropiadas. Por fin, el dinamismo es especialmente patente en los vivientes.

                En definitiva, el dinamismo natural se encuentra presente en los diferentes estratos de la naturaleza. Atraviesa toda la naturaleza, en todas sus dimensiones. La naturaleza en su conjunto aparece como el resultado del despliegue de ese dinamismo. Esto queda todavía más resaltado si se contempla la naturaleza bajo la perspectiva diacrónica de las teorías evolucionistas. Pero incluso bajo una perspectiva sincrónica que se centra en el estado actual de la naturaleza, se advierte la existencia de un dinamismo general: no sólo porque el dinamismo existe en cada nivel, sino además, porque los diferentes niveles están estrechamente interconectados.

e) La materia inerte

                Las consideraciones anteriores muestran que no existe una materia puramente inerte o pasiva. Muchas entidades aparecen ante la experiencia ordinaria como si fueran materia inerte, desprovista de actividad propia, meramente pasiva: sería el caso, por ejemplo, de los minerales y de sus agregaciones, así como de los grandes cuerpos como la Tierra y los astros.

                Sin embargo, las estrellas son sistemas que poseen un dinamismo muy intenso, basado en reacciones nucleares. En cuanto a la Tierra, existen fenómenos observables tales como los terremotos y las erupciones volcánicas que manifiestan claramente su dinamismo y son bien conocidos desde la antigüedad, y en la actualidad sabemos que en su interior se desarrollan una gran cantidad de fenómenos dinámicos. Los minerales y sus agregaciones son el resultado de procesos dinámicos y sus componentes poseen un dinamismo propio: su estabilidad responde a equilibrios dinámicos.

                En definitiva, a la luz de la ciencia actual, lo que parece inerte es el resultado de equilibrios dinámicos: la materia inerte sólo es inerte en relación a ciertas condiciones y puntos de vista particulares. Sin duda, en la vida ordinaria muchas entidades pueden ser calificadas como materia inerte, pero sólo a ciertos efectos, o sea, con respecto a determinados comportamientos; en realidad se trata de entidades que se encuentran en estados de equilibrio: sus componentes naturales tienen un dinamismo que puede manifestarse en otras circunstancias, pero en las circunstancias de equilibrio las fuerzas se compensan y no producen efectos detectables.

                El concepto de materia inerte corresponde, por tanto, a una parte de nuestra experiencia ordinaria, y en ella resulta legítimo. Pero se presta a confusión si se le atribuye un significado más profundo.

d) El alcance del dinamismo natural

                Resulta lógico afirmar que el dinamismo debe extenderse a todo lo natural, incluido lo más elemental. En efecto, si existiera un nivel elemental carente de dinamismo propio, no se comprende cómo podría existir ese dinamismo en los demás niveles. El atomismo mecanicista, según el cual la materia se compondría en último término de elementos inmutables y pasivos, ha sido abandonado desde hace tiempo porque resulta incompatible con los logros científicos.

                En el ámbito filosófico, la afirmación del dinamismo propio de las entidades naturales no es ninguna novedad. De algún modo se encuentra en la concepción aristotélica, fue claramente afirmado por Leibniz[4], y en la época más reciente ha sido ampliamente subrayado tanto desde la perspectiva científica como desde la filosófica[5].

                En definitiva, puede afirmarse que todos los entes naturales poseen un dinamismo propio. Se trata de una afirmación coherente con los conocimientos científicos bien establecidos en todos los niveles de la naturaleza. Desde la perspectiva filosófica, una entidad puramente, pasiva resulta ininteligible.

e) Dinamismo y vida

                Las afirmaciones precedentes parecen chocar con una idea generalmente admitida acerca de los vivientes, ya que la vida suele definirse como auto-movimiento. Afirmar que todo lo natural posee un dinamismo propio, ¿no diluye la diferencia entre los vivientes y lo no viviente?

                En realidad, la vida no sólo supone dinamismo propio, sino también una organización de componentes que cooperan de modo unitario y permiten la realización de las funciones propias de los vivientes. Por consiguiente poseer dinamismo propio no significa poseer vida.

                Suele afirmarse que la vida supone una interioridad que no existe en lo no viviente. Sin embargo, si admitimos que existe interioridad cuando el modo de ser no se reduce a una colección de manifestaciones externas, también lo no viviente posee una cierta interioridad. De hecho, las entidades naturales no despliegan siempre todas las posibilidades de su dinamismo: muchas posibilidades se encuentran en estado latente, debido a los equilibrios entre diferentes dinamismos o a que no se dan las circunstancias que hacen posible su despliegue; pero se manifiestan cuando cambian las circunstancias. Por tanto, las entidades naturales tienen modos de ser que no se agotan en comportamientos externos particulares.

                La reducción de lo material a pura exterioridad es una idea equivocada defendida por el mecanicismo, que se encuentra superada por los conocimientos actuales. Todas las entidades naturales tienen una densidad ontológica, un modo de ser que no se puede reducir a una simple colección de comportamientos externos. En los no vivientes existen grados de interioridad, paralelos a los grados de organización. Esto nada tiene que ver con el pan-psiquismo, pero supone, ciertamente abandonar la idea de una materia inerte, y admitir que lo natural, en todos sus niveles, posee algún tipo de interioridad. Sin duda, los vivientes poseen tipos de interioridad que no se dan en los no vivientes (por ejemplo, el conocimiento y las tendencias); pero en el mundo físico-químico también existen características análogas: los átomos y las moléculas, por ejemplo, «saben» cómo actuar en cada caso y «tienden» hacia determinados estados, aunque este «saber» y «tender» deban entenderse de modo analógico.

f) Materia y leyes

                Solemos distinguir la materia y las leyes que rigen su comportamiento. Esta distinción corresponde a la realidad pero hasta cierto punto. Hablando propiamente las leyes como tales son abstracciones: lo que realmente existe son entidades naturales que tienen modos de ser y de obrar característicos, y, procesos en los que se despliega su dinamismo. Las ciencias pueden prescindir de este matiz e incluso ésa es la perspectiva que les conviene adoptar para obtener conocimientos controlables; sin embargo, la filosofía busca conocer el ser de lo natural y, por tanto, debe tener en cuenta lo que se acaba de señalar.

                Cuando afirmamos que lo natural posee un dinamismo propio, estamos subrayando algo que pertenece a su modo de ser y que, por tanto, es importante para la filosofía. Las ciencias lo dan por supuesto, pero no siempre lo consideran expresamente; por ejemplo, las leyes físicas del movimiento de caída libre se aplican tanto a una piedra como a un gato, porque sólo se utilizan para calcular cuánto tiempo durará su caída bajo la acción de la gravedad, y a esos efectos la única propiedad que influye es la masa: pero eso no significa que la piedra y el gato posean el mismo modo de ser. Las ciencias se centran, con frecuencia, en el estudio de leyes. Se trata de un enfoque legítimo, pero puede conducir a equívocos si se representa la naturaleza basándose únicamente en esas leyes, que se refieren al dinamismo natural pero no agotan el modo de ser de lo natural.

                Las leyes expresan que el dinamismo natural posee una direccionalidad: no se despliega de modo arbitrario, sino de acuerdo con pautas. Esa direccionalidad responde a los modos de ser de las entidades naturales. Veremos la importancia de esta observación cuando estudiemos el problema de la finalidad, que ocupa un lugar central en la filosofía de la naturaleza.

2.2. Pautas estructurales

                Si el dinamismo es una característica fundamental de las entidades naturales, la estructuración no lo es menos. Ante, la experiencia ordinaria, la naturaleza aparece surcada por estructuras espacio-temporales, y el progreso científico puede sintetizarse como un conocimiento cada vez más amplio y profundo de las estructuras naturales. Para conseguir una caracterización fidedigna de la naturaleza es imprescindible tener en cuenta la estructuración.

                El significado del término estructura es muy amplio[6]. En general, una estructura es una distribución de partes mutuamente relacionadas que forman un todo unitario.

                Las estructuración característica de lo natural posee dimensiones espaciales y temporales: las entidades naturales tienen configuraciones espaciales, y el dinamismo se despliega en la dimensión temporal. Aunque en la vida ordinaria el término «estructura» suele utilizarse en sentido espacial, al hablar aquí de «estructuración» se tienen presentes tanto las dimensiones espaciales como las temporales, o sea, tanto las entidades como los procesos.

                En la naturaleza existe una gran variedad de estructuras, que en muchas ocasiones tienen caracteres comunes que se repiten. La naturaleza está construida en torno a estructuras repetitivas características que aquí se denominarán pautas o patrones (patterns). Las pautas tienen una importancia capital para representar adecuadamente la natu__leza.

                Se examinará ahora la estructuración siguiendo el mismo esquema utilizado para estudiar el dinamismo: se considera en primer lugar la estructuración tal como se da en la experiencia ordinaria y en las ciencias, y se añaden luego algunas reflexiones acerca de su sentido y alcance.

a) La estructuración ante la experiencia ordinaria

                Ante la experiencia ordinaria, la naturaleza aparece como un conjunto de seres que tienen estructuras bien definidas.

                El caso más claro es el de los vivientes, que se caracterizan precisamente por poseer una estructura unitaria en la cual las diferentes partes desempeñan funciones específicas. Los componentes experimentan continuos cambios, pero la estructura permanece. La estructuración de los vivientes no se refiere sólo a las dimensiones espaciales, sino también a los procesos temporales; en efecto, en los vivientes se dan muchos procesos que se desarrollan de acuerdo con pautas temporales regulares, tal como se comprueba, por ejemplo, en la generación, el desarrollo y la nutrición.

                El ámbito de los seres no vivientes también se encuentra atravesado por la estructuración. El movimiento de las estrellas es un ejemplo patente, de modo que las regularidades tanto espaciales como temporales que se dan en este ámbito han servido desde la antigüedad como guía en la vida práctica y como fundamento de las primeras teorías científicas. Las regularidades que se observan en los minerales proporcionaron la base de diferentes técnicas que, a su vez, hicieron posible el desarrollo de la química en la época moderna.

                Sin embargo, un conocimiento más profundo de la estructuración natural sólo fue posible desde que la ciencia experimental llegó a su madurez en el siglo XVII.

b) La estructuración ante las ciencias

                La ciencia experimental supone que existen regularidades en la naturaleza y busca conocerlas. El progreso científico amplía nuestro conocimiento de la estructuración espacial y temporal de la naturaleza, incluso en ámbitos que se encuentran muy alejados de la experiencia ordinaria. Los ejemplos pueden multiplicarse con facilidad, y ni siquiera resulta necesario recurrir a casos concretos: cualquier logro científico es un ejemplo de ese tipo.

                En efecto, en la ciencia experimenta se buscan conocimientos que puedan relacionarse con el control experimental, pero ese control sólo es posible cuando existen aspectos que, al menos en principio, se repiten; por tanto, cuando existen pautas. Por consiguiente, cuanto más progresa la ciencia, mayor es el ámbito de fenómenos que se relacionan con el control experimental, y más amplio es nuestro conocimiento de las pautas espaciales y temporales.

                La naturaleza no sólo se encuentra profundamente marcada por la estructuración, sino por la existencia de estructuras que se repiten, o sea, de pautas[7].

                En los diferentes niveles de la naturaleza existen pautas espaciales características. Existen unos 100 tipos básicos de átomos, y cada uno de ellos posee una estructura bien definida. Lo mismo sucede con los millones de moléculas que se componen de átomos y con las macromoléculas biológicas, cuyas estructuras espaciales específicas determinan sus propiedades y su actividad. La estructuración de los vivientes, que ya es manifiesta ante la experiencia ordinaria, aparece con mucho mayor detalle si se contempla a la luz de los conocimientos proporcionados por la biología. Puede concluirse que "Todo lo que nos rodea consiste en pautas. La materia está estructurada en los niveles atómico y molecular. Los organismos son enormes estructuras de células, cada una de las cuales, a su vez, consiste en una enormidad de pautas biológicas.... Estamos tan acostumbrados a estar rodeados por pautas que no prestamos mucha atención a esta propiedad fundamental de nuestro mundo. Pero las propiedades de un objeto están determinadas por la materia y por la pauta (estructura, forma)"[8].

                Además, el dinamismo natural se despliega de acuerdo con pautas temporales bien determinadas. Las leyes científicas que describen los procesos son ejemplos de tales pautas temporales, y estas leyes existen en todos los niveles de la naturaleza. Especialmente notable es el caso de los vivientes, cuyas funciones se encuentran estrechamente relacionadas con ritmos característicos.

e) Pautas y estructuras

                La distinción entre pautas y estructuras tiene gran importancia, porque la naturaleza posee una organización muy específica que gira en tomo a pautas.

                El término estructura es más amplio que el de pauta. Existen estructuras de muy diversos tipos. En realidad, cualquier disposición espacial y temporal de lo natural tiene una estructura. Por tanto, la estructuración no equivale a la existencia de pautas. Hablamos de pautas cuando encontramos estructuras que se repiten.

                En principio, cualquier estructura natural es repetible: basta que se repitan las condiciones que han provocado su existencia, y esto siempre es posible. Sin embargo, solemos hablar de pautas sólo cuando las estructuras se repiten de hecho.

                Todos los ejemplos de estructuración que se han mencionado anteriormente se refieren a pautas en sentido estricto. Nuestro mundo no es un mundo indiferenciado, uno más entre muchos mundos posibles. Es un mundo muy específico, que se encuentra surcado en todos sus niveles por pautas igualmente específicas. Si lo deseamos, podemos preguntarnos por la posible existencia de otros mundos diferentes; se trata de una pregunta legítima. Pero incluso si llegásemos a conocer otros mundos diferentes, nuestro mundo conservaría su organización peculiar, basada en pautas específicas.

                La estructuración de la naturaleza está profundamente marcada por la existencia de pautas. En la naturaleza, no todo son pautas, pero todo gira en torno a pautas. Esta afirmación posee importantes implicaciones tanto científicas como filosóficas, puesto que expresa el carácter altamente específico y singular de nuestro mundo.

d) El alcance de la estructuración

                ¿Puede afirmarse que la naturaleza está estructurada en todos los niveles y en todas sus entidades?

                La estructuración se encuentra en todos los niveles que estudian las ciencias, desde el biológico hasta el físico-químico y el microfísico. Además, en la investigación científica se supone que existe estructuración en todos los fenómenos naturales. Se trata de un supuesto muy fecundo que se encuentra en la base de toda la actividad científica y que viene corroborado por el progreso de la ciencia.

                Especiales dificultades surgen cuando el problema se centra en la existencia de estructuras elementales. Posiblemente, nunca podremos estar seguros de haber alcanzado un nivel verdaderamente elemental. Pero la dificultad es superable. En efecto, no parece razonable admitir que existan o hayan existido niveles de la naturaleza que carecieran de cualquier tipo de estructuración. Se trataría de un caos absoluto. Pero ese caos absoluto cuyos componentes no tendrían ninguna relación entre sí, lo cual resulta impensable. Además, no se comprende cómo a partir de un puro caos podría surgir la estructuración que realmente se da en la naturaleza, ya que esa estructuración se basa en la existencia de relaciones cooperativas entre las entidades naturales de todos los niveles.

e) Estructuración espacial y temporal

                Aunque ordinariamente se habla de estructuración para referirse a estructuras espaciales, aquí nos referimos, como ya se ha señalado, tanto a estructuras espaciales como temporales, y afirmamos que en los dos casos existen pautas que se repiten.

                Las estructuras espaciales se refieren al orden que adoptan los componentes de las entidades naturales, y pueden denominarse configuraciones. Las configuraciones típicas son pautas que se repiten, y constituyen la base. de la organización espacial de la naturaleza.

                Las estructuras temporales se refieren a los procesos o sea, al despliegue temporal del dinamismo natural. Muchos procesos naturales se despliegan de acuerdo con pautas características, que pueden denominarse ritmos. La actividad de los vivientes responde, en muchos aspectos importantes, a ritmos biológicos que cada vez se conocen mejor.

                Es importante subrayar la existencia de las pautas temporales. En caso contrario, el estudio de la naturaleza se centraría excesivamente en los aspectos espaciales y se perdería de vista lo más característico de la naturaleza: que su dinamismo se desarrolla en torno a ritmos que hacen posible la existencia y actividad de los vivientes.

2.3. El entrelazamiento del dinamismo y la estructuración

                Se ha mostrado que las entidades naturales poseen un dinamismo propio y una estructuración espacio-temporal. Se puede dar un paso más, afirmando que existe un entrelazamiento del dinamismo y la estructuración. Ese entrelazamiento permite formular una caracterización de la naturaleza que reviste un particular interés, ya que recoge los logros de las conceptualizaciones clásicas y los integra en una perspectiva coherente con la cosmovisión actual.

                El entrelazamiento de dinamismo y estructuración significa, en resumen, que el dinamismo natural se despliega de acuerdo con pautas temporales y produce resultados que tienen una estructuración espacial; que la estructuración espacial es, a su vez, fuente de dinamismo; y que dinamismo y estructuración se encuentran compenetrados y, por así decirlo, fundidos en una única realidad: no son dimensiones meramente yuxtapuestas de modo externo, sino aspectos de una única realidad que es al mismo tiempo, dinámica y estructural. Afirmar el entrelazamiento del dinamismo y la estructuración equivale a afirmar que en  la naturaleza no existen aspectos Puramente dinámicos ni puramente estáticos, y que por tanto el dinamismo como la estructuración atraviesan toda la naturaleza y se condicionan mutuamente: no se sólo de modo externo, sino que se encuentran entrelazados, inter-penetrados, compenetrados.

                Ese entrelazamiento se realiza según modalidades diferentes. Pero existen aspectos generales que, en mayor o menor medida, se dan en todos los casos. Se señalan a continuación seis aspectos que ilustran el entrelazamiento del dinamismo y la estructuración.

                a) El despliegue del dinamismo produce estructuras espaciales. Las configuraciones físicas son el resultado del despliegue del dinamismo natural. Por ejemplo, las interacciones microfísicas, las reacciones químicas, y en general los diferentes procesos físico-químicos, tienen como resultado estructuras espaciales.

                b) La estructuración espacial es origen de nuevos dinamismos. La formación de nuevas configuraciones da lugar a nuevos tipos de dinamismo, que no existían anteriormente

                 e) El dinamismo natural se encuentra como almacenado en estructuras espaciales, que poseen potencialidades o virtualidades cuyo despliegue depende de las circunstancias externas.

                d) Existe una proporción entre la organización espacial y el dinamismo. Las entidades naturales despliegan un dinamismo que depende de su configuración. En los vivientes, la estructura de los órganos y aparatos hace posible el despliegue de sus actividades o funciones específicas.

                e) La estabilidad de las estructuras espaciales depende de la existencia de equilibrios entre los diferentes dinamismos que intervienen en cada situación concreta. En la naturaleza existen muchas configuraciones estables, pero esto no significa que estén sustraídas al dinamismo. Incluso lo que parece más estable en la naturaleza está sometido a procesos. Ya se ha subrayado que la materia inerte sólo es inerte bajo ciertos aspectos. Existen muchos tipos de equilibrios; se trata de estados estacionarios que son el resultado de la confluencia de diferentes dinamismos; si cambian las condiciones que mantienen el equilibrio, se manifiesta el dinamismo que, en la situación de equilibrio, estaba latente. En la experiencia ordinaria, el carácter dinámico de la estabilidad estructural permanece frecuentemente velado, debido a que vivimos en un ámbito en el que existen muchos estados de equilibrio.

                f) Los nuevos niveles de dinamismo y estructuración no destruyen los que se dan en los niveles inferiores, sino que se apoyan en ellos y los integran. Los despliegues del dinamismo natural tienen su origen en estructuras, y a su vez producen nuevas estructuras que son fuente de nuevos dinamismos. De este modo se da una ramificación del dinamismo y de las estructuras, en niveles que se superponen.

2.4. Caracterización de lo natural

                Las reflexiones anteriores permiten formular ahora una nueva propuesta, según la cual lo natural puede ser caracterizado mediante el entrelazamiento del dinamismo y la estructuración.

                Esta propuesta significa, ante todo caracterizar lo natural mediante su actividad. En efecto, expresa qué tipo de actividad corresponde a lo natural: la actividad natural responde a un dinamismo propio, cuyo despliegue depende de las circunstancias, pero no proviene sólo de ellas. El despliegue del dinamismo se encuentra interpenetrado con una estructuración espacio-temporal, de tal manera que el dinamismo y la estructuración se condicionan mutuamente, tal como se ha explicado: el dinamismo se despliega de acuerdo con pautas temporales, y las estructuras espaciales no sólo son el resultado del despliegue del dinamismo, sino también fuente de nuevos dinamismos. Por tanto, lo natural puede caracterizarse por el entrelazamiento de dinamismo y estructuración.

                Esta caracterización corresponde a la actividad natural tal como se da en la realidad. Sin embargo, no agota lo que puede decirse acerca de la naturaleza; pero tampoco lo pretende. Puede ser considerada como una propuesta cuyo valor depende de su adecuación a la realidad y de su fecundidad para explicar los problemas que se plantean en tomo a la naturaleza. Las reflexiones que ya se han expuesto muestran que la propuesta corresponde a la realidad, tal como se nos manifiesta ante la experiencia ordinaria y científica, y su fecundidad quedará patente cuando más adelante sea utilizada para afrontar los problemas filosóficos que plantea el estudio de la naturaleza.

                No se trata de un enfoque, por así decirlo, rnonopolístico. En la reflexión acerca de la naturaleza es posible y legítimo adoptar diferentes perspectivas. La caracterización propuesta responde a un enfoque cuasi-fenomenológico, que consiste en tomar como punto de partida algunas facetas especialmente relevantes de la naturaleza. No se trata de una definición en sentido estricto. Se trata de un punto de partida, de una perspectiva que es compatible con otros enfoques, puntos de partida o definiciones. Mediante esa caracterización se busca la claridad, la coherencia y la fecundidad explicativa.

                Que el enfoque sea cuasi-fenomenológico no significa que se limite a describir superficialmente lo natural. Ya se ha mostrado que la caracterización propuesta corresponde a dimensiones centrales de la realidad: esto se ha puesto de manifiesto al explicar el significado del dinamismo, de la estructuración y de su entrelazamiento.

                               La caracterización de lo natural en función del entrelazamiento del dinamismo y la estructuración permite comprender mejor por qué se ha afirmado anteriormente que, en sentido estricto, no es posible distinguir realmente la materia y las leyes de su comportamiento. Esa distinción es legítima en las ciencias, que adoptan una perspectiva metodológica particular. Propiamente hablando, las leyes se encuentran como incorporadas o inscritas-en la materia, y su formulación responde a una abstracción. Para formular las leyes científicas es preciso limitarse a situaciones experimentales que permiten controlar los factores que intervienen; las leyes que así se obtienen corresponden a la realidad, pero sólo son válidas en circunstancias muy específicas y no agotan el modo de ser de lo natural.

                Después de haber examinado qué significa la caracterización de lo natural mediante el entrelazamiento del dinamismo y la estructuración, a continuación se analiza el alcance de esa caracterización.

[Continua en La Naturaleza 2° parte)

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Romen

Romen escribió esta anotación hace 3 meses. En ella habla sobre Apuntes y Filosofía De La Naturaleza.

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