El despliegue del Dinamismo natural II
3. Los procesos unitarios en la naturaleza
La ciencia experimental adopta una perspectiva analítica que consiste en descomponer los fenómenos; por este motivo, cuando estudia los procesos, fácilmente se pierde de vista su carácter unitario. Si a esto se añade que el progreso científico se realiza de modo fragmentario, estudiando fenómenos particulares y consiguiendo poco a poco teorías más generales que relacionan diferentes ámbitos de la naturaleza, se comprende que aumenta el peligro de olvidar más aún la unidad de los procesos y, por tanto, sus dimensiones holísticas y direccionales.
De hecho, desde su nacimiento sistemático en el siglo XVII, la ciencia experimental progresó por dos caminos complementarios: por una parte, mediante el conocimiento de nuevas leyes en los diferentes ámbitos de la naturaleza, y por otra, formulando teorías que permitían relacionar los diferentes ámbitos y sus correspondientes leyes. Además, el progreso se extendió lentamente a las diferentes disciplinas científicas. En consecuencia, era muy difícil conseguir conocimientos fiables acerca de los procesos unitarios que, por lo general, incluyen leyes y teorías pertenecientes a muchos ámbitos. Sólo en una época reciente se ha conseguido, gracias a la suma de muchos conocimientos particulares en las más variadas disciplinas, un conocimiento detallado de los procesos unitarios de la naturaleza.
Consideraremos a continuación algunos ejemplos de procesos unitarios, con objeto de ilustrar el lugar central que ocupan en la naturaleza y de mostrar los nuevos panoramas que se abren a la reflexión filosófica en la actualidad. Comenzaremos por los procesos que son asequibles a la experiencia ordinaria, pasaremos luego a los que se descubren en las diversas ramas de las ciencias, y concluiremos con una reflexión de conjunto que servirá para resumir nuestro análisis.
3.1 Los procesos unitarios ante la experiencia ordinaria
Ante la experiencia ordinaria se manifiestan dos grandes tipos de procesos unitarios: por una parte, los que se refieren a los vivientes, y por otra, los cambios periódicos en la biosfera y en los astros.
Comencemos por los vivientes. Los mecanismos precisos de los procesos vitales sólo han comenzado a conocerse en las últimas décadas. Pero siempre ha sido patente la existencia de muchos procesos de ese tipo: la generación, el desarrollo, las diferentes funciones de los organismos, la reproducción. Se trata, sin duda, de procesos unitarios que, además, forman parte de procesos aún mayores: la vida de los individuos, la vida de las especies y los procesos globales de la naturaleza en su conjunto. En la actualidad conocemos muchos detalles de estos procesos, pero el conocimiento que nos proporciona la experiencia ordinaria es la base de todo el progreso científico.
También es fácil determinar la existencia de muchos procesos en nuestro entorno que, si bien poseen una unidad menor que los procesos vitales, tienen también una cierta unidad: basta considerar, por ejemplo, la circulación del aire y del agua, incluyendo los procesos de evaporación y condensación, las lluvias y las tormentas; las estaciones; las mareas. Y con respecto a los astros, los movimientos de la bóveda celeste y de los planetas siempre han sido motivo de admiración y han impulsado muchos estudios detallados que, finalmente, desembocaron en la consolidación de la ciencia experimental moderna.
Todos estos procesos aparecían en la antigüedad como la manifestación de fuerzas unitarias un tanto misteriosas, ya que se desconocían sus mecanismos concretos; no es de extrañar, por tanto, que se relacionaran fácilmente con reflexiones metafísicas y teológicas. El posterior progreso científico provocó un «desencantamiento» de la naturaleza, que se explicaba, cada vez más, mediante fuerzas naturales, y ese desencantamiento consistió, en gran parte, en reducir los procesos naturales a la suma de mini-procesos que podían explicarse mediante las leyes que la ciencia descubría: así se perdía de vista el carácter unitario de los procesos, y la naturaleza, contemplada bajo una perspectiva analítica, parecía reducirse a una gigantesca máquina cuyo funcionamiento podía comprenderse, como el de un reloj, a través del comportamiento y el ensamblaje de sus piezas.
Sin embargo, esta imagen era demasiado superficial. El progreso científico más reciente ha puesto de relieve que los procesos naturales poseen una unidad todavía mayor de lo que puede observarse en la experiencia ordinaria, y este hecho se encuentra en la base de¡ resurgimiento actual de la filosofía de la naturaleza. La situación puede sintetizarse de este modo: si pudiéramos visualizar lo que las ciencias nos revelan acerca de los procesos naturales, quedaríamos mucho más asombrados que los antiguos ante el insólito espectáculo que se ofrecería ante nuestros ojos. En efecto, detrás de cada planta, de cada animal, de cada estrella, del suelo donde crecen las plantas, de las aguas de los ríos y mares, del aire que nos circunda, descubriríamos un sinfín de mini-procesos concatenados que, en muchos casos, constituirían un espectáculo verdadaderamente asombroso. Ya no se trata de fantasías; por el contrario, nuestra fantasía es demasiado pobre para imaginar la coordinación, frecuentemente indescriptible en palabras ordinarias, de los procesos naturales; resulta lógico, por tanto, que se vuelvan a plantear los interrogantes metafísicos y teológicos que parecían haber sido eliminados por el progreso científico. A continuación ilustraremos esta nueva situación que nos descubren las ciencias en la actualidad.
3.2. Los procesos unitarios ante las ciencias
Evidentemente, los vivientes son el ámbito privilegiado de los procesos unitarios. Pero los conocimientos actuales permiten relacionar los procesos biológicos con los físico-quimicos, y esta relación ofrece gran interés para conseguir una representación unitaria de la naturaleza. Por este motivo, nuestro análisis se centrará en varios tipos de procesos unitarios que, si bien tienen lugar en los vivientes o al menos dependen en buena parte de ellos, relacionan el nivel biológico con el físico-químico y ponen así de relieve la unidad de los procesos naturales.
a) Procesos holísticos
En realidad, cualquier proceso unitario tiene caracteres holísticos. Ahora nos referiremos a los procesos especialmente relacionados con la organización de los sistemas unitarios, porque hacen posible su existencia y el desarrollo de su actividad. Los ejemplos pueden ser tan numerosos como se desee; nos limitaremos a mencionar algunos.
Tienen gran importancia los procesos relacionados con la homeostasis, o sea, con el mantenimiento de las condiciones internas de los vivientes a través de los intercambios con el medio externo. La homeostasis se relaciona con la autorregulación del sistema con respecto a las condiciones externas, y se consigue gracias a procesos de retro- alimentación en los que se controla el estado del sistema mediante mecanismos reguladores. Se habla de homeostasis fisiológica para designar la tendencia de un organismo a mantener las condiciones fisiológicas frente a condiciones ambientales fluctuantes, y de homeostasis del desarrollo para referirse a la tendencia de las pautas de desarrollo de un organismo a producir un fenotipo normal a pesar de que puedan existir fluctuaciones en las circunstancias. Es interesante señalar la relación entre la homeostasis y la direccionalidad; en efecto, la homeostasis significa la existencia de tendencias hacia determinados estados. Los mecanismos que hacen posible la homeostasis explican el carácter holístico y direccional de los procesos implicados.
En los procesos holísticos existe una coordinación de las sucesivas fases. Se dan no sólo en los organismos, sino también en muchos de sus componentes que, con frecuencia, se comportan como sistemas unitarios; éste es el caso de las células que componen un organismo: se encuentran coordinadas, pero cada una de ellas posee una cierta autonomía y en ella se producen continuamente procesos unitarios que hacen posible el funcionamiento de la célula y sus relaciones con otras. Por ejemplo, en un organismo humano hay más de 10 billones de células, distribuidas en más de 250 tipos (nerviosas, sanguíneas, musculares, etc.). Cada célula consta de núcleo y citoplasma. Más adelante nos referiremos al núcleo, que contiene la información genética. El citoplasma contiene gran número de orgánulos que realizan múltiples funciones, cada una de las cuales supone muchos procesos unitarios: una actividad permanente es la biosíntesis, proceso a través del cual se construyen materiales biológicos a partir de los componentes que llegan a la célula; las mitocondrias vienen a ser centrales energéticas donde se produce energía aprovechable; en los ribosomas se sintetizan las proteínas de acuerdo con las instrucciones provenientes del núcleo; a través de la membrana plasmática se realizan los procesos de comunicación con el exterior, mediante procedimientos de entrada y salida enormemente específicos.
Cada una de las actividades de que acaban de mencionar consta de procesos que poseen una unidad propia y se encuentran coordinados con muchos otros, y en ellos desempeña una función muy importante la información. Por ejemplo, la comunicación entre células se realiza de modos muy específicos, a través de información que se almacena, se transmite, se procesa y se integra; es uno de los casos en los que se utiliza la metáfora de «la llave y la cerradura» para expresar el carácter específico y coordinado de las interacciones[1].
Existen muchos procesos unitarios en cada una de las células de un organismo, y además se encuentran coordinados. Lo mismo sucede en los tejidos, órganos y sistemas, que poseen grados superiores de organización y, por tanto, son sede de procesos aún más complejos y coordinados. Por ejemplo, el sistema nervioso es el sistema integrador por excelencia y su complejidad es paralela a la de la respectiva especie animal; el del hombre es el más complejo: sólo en la corteza cerebral existen unos 30.000 millones de neuronas, cada una de las cuales tiene por término medio unas 3.000 sinapsis. El cerebro humano posee una organización asombrosa, que coordina todo el organismo (sentidos, lenguaje, motoricidad ... ) por medio de procesamiento de información[2]. El funcionamiento del cerebro sólo es posible porque existe una coordinación muy sofisticada entre una enorme variedad de procesos e diferentes niveles de organización.
En definitiva, los conocimientos actuales acerca de los organismos muestran la existencia de una gran variedad de procesos unitarios, coordinados entre sí, tanto en el nivel de las células como de los tejidos, órganos, sistemas, y del entero organismo. Estos procesos se desarrollan a través de mecanismos físico-químicos-, por tanto, la existencia y coordinación de los procesos unitarios se extiende también al nivel físico-químico. Aunque las perspectivas que abren las ciencias en esta dirección son ya muy notables, es evidente que sólo estamos comenzando a explorarlas.
b) Procesos funcionales
La funcionalidad se refiere a la actividad de las partes en función del todo. Entre las funciones de los vivientes se encuentran la respiración, la nutrición, el transporte, la excreción, la coordinación nerviosa, la coordinación hormonal, la defensa inmunológica. Aunque algunas son conocidas desde la antigüedad, otras han sido descubiertas en la época moderna y, en todo caso, el conocimiento detallado de sus mecanismos se remonta a una época reciente.
Los sistemas y aparatos de los vivientes se caracterizan por su función. Están integrados por órganos, y éstos por tejidos. Las diferentes funciones ponen de manifiesto la existencia de múltiples procesos unitarios, coordinados en procesos unitarios de niveles superiores, así como la importancia de la información en el desarrollo de las funciones.
Como es lógico, los procesos unitarios tienen especial importancia en los sistemas que coordinan diferentes aspectos del organismo, y es fácil advertir su relación con la información. Por ejemplo, "el sistema nervioso es una red de comunicación que permite al organismo interaccionar de manera apropiada con el entorno. Posee componentes sensoriales que detectan estímulos procedentes del ambiente externo, componentes integradores que procesan los datos sensoriales y la información almacenada en la memoria, y componentes motores que generan movimientos y otras actividades..... La unidad funcional del sistema nervioso es la «neurona»..... La actividad neuronal y nerviosa se encuentra codificada, y la información se pasa de una neurona a otra mediante transmisión sináptica"[3]. Cuando se analizan con detalle las actividades que tienen lugar en el sistema nervioso, encontramos una asombrosa coordinación de procesos unitarios que suponen el almacenamiento, codificación y descodificación, transmisión e integración de información.
Algo semejante sucede cuando se analizan las funciones del sistema endocrino, que también están estrechamente, relacionadas con la coordinación: "el sistema endocrino es un componente fundamental de la adaptación del organismo humano a los cambios del medio ambiente interno y externo. Este sistema actúa para mantener un medio interno estable cuando se enfrenta a cambios en el flujo de entrada o de salida de sustratos, minerales, agua, moléculas ambientales, calor, etc. Células endocrinas específicas, generalmente agrupadas en glándulas, perciben la alteración y responden secretando a la circulación sanguínea unas sustancias químicas denominadas hormonas. Estas moléculas especiales son transportadas por la circulación sanguínea a diversos tejidos, donde entran en contacto con las células diana y actúan sobre ellas. El resultado es que las células diana responden generalmente oponiéndose a la dirección del cambio que provocó la secreción de la hormona, con lo cual el organismo vuelve a su estado estable original. Además del papel fundamental que desempeña en el mantenimiento de la homeostasis, el sistema endocrino ayuda también a iniciar, mediar y regular los procesos de crecimiento, desarrollo, maduración, reproducción y envejecimiento"[4].
Estos ejemplos bastan, sin entrar en más detalles, para advertir que existe una gran cooperatividad y coordinación de muchos procesos unitarios. En muchos casos, se conocen los agentes que desencadenan los procesos y realizan, por tanto, una función de señalización; esos agentes transportan información y la comunican a las entidades receptoras, que actúan de acuerdo con la información recibida. Por ejemplo, además de otros agentes bien conocidos desde hace tiempo, en la actualidad tienen gran importancia los nuevos conocimientos que se refieren a los neurotransmisores y a los genes reguladores. Toda la física y la química se encuentran involucradas en los mecanismos que, mediante el procesamiento de información, están en la base de las funciones de los vivientes. Y puede observarse, de nuevo, la existencia de dimensiones holísticas y direccionales en los procesos unitarios funcionales.
e) Procesos morfogenéticos
La morfogénesis se refiere a la formación de los sistemas unitarios y de sus partes. Uno de los casos principales de morfogénesis es la reproducción o replicación de los vivientes, y otro es el desarrollo de los vivientes desde sus primeras fases.
En este ámbito, nuestro conocimiento ha avanzado de modo espectacular desde que James Watson y Francis Crick descubrieron, en 1954, la estructura en doble hélice del ADN (ácido desoxirribonucleico), que es la macromolécula responsable del programa genético.
El programa genético de cada organismo contiene una información que se despliega en función de las circunstancias. Las «respuestas rápidas» del organismo, provocadas por las hormonas o los impulsos nerviosos, se apoyan en mecanismos reguladores que se encuentran en el citoplasma de las células. En cambio, las «respuestas lentas» (que tardan horas o días para manifestarse), tales como los procesos de desarrollo y los ciclos vitales, responden al programa genético que se encuentra en el ADN contenido en el núcleo de las células. Los procesos que dependen del ADN no sólo repercuten en las funciones del organismo, sino en su misma constitución, ya que regulan la fabricación de sus componentes.
El funcionamiento del programa genético se basa en el tratamiento de información[5]. El programa equivale a un texto escrito con sólo cuatro letras (las cuatro bases nitrogenadas que se alinean a lo largo de las cadenas del ADN), cuya sucesión determina el tipo de productos que resulta de la ejecución del programa. Cada célula contiene, en su núcleo, el juego completo de los cromosomas propios de la especie, y en cada cromosoma se encuentra el ADN, compuesto de fragmentos denominados «genes»; las células humanas contienen más de 100.000 genes, lo que supone unos 3.000 millones de bases (las letras del alfabeto genético). Escribiendo sólo la letra correspondiente a cada una de las bases, el código genético ocuparía en el caso de un virus simple, que codifica 8 proteínas, una página; en el caso de una bacteria, con 3.000 genes, ocuparía 2.000 páginas; en el caso del hombre, con 100.000 genes, ocuparía un millón de páginas. Es fácil advertir que se trata de una auténtica biblioteca que contiene una gran cantidad de información, con las instrucciones necesarias para la ejecución de las múltiples funciones del programa.
A partir de la información contenida en el código genético, se realizan los procesos de transcripción, traducción, regulación, duplicación, y corrección de errores. Algunos genes son reguladores: guían la expresión de otros genes, están relacionados con los planes de los órganos y de la estructura corporal. De hecho, en cada proceso sólo se activa y se transcribe una pequeña fracción de los genes, de acuerdo con las órdenes recibidas del citoplasma o de mensajeros producidos por otras células. El núcleo y el citoplasma interactúan de modo coordinado, formando un sistema cibernético. Existe una jerarquía de niveles de control y ejecución, coordinados en cada fase de los procesos, que ahora se comienza a conocer[6].
Solo hemos aludido a algunos aspectos generales de la morfogénesis, que se extiende también, por ejemplo, a los procesos de regeneración. Estas consideraciones bastan para mostrar la existencia de muchos procesos unitarios, coordinados en una sucesión de niveles organizativos, cuyo dinamismo está guiado por información almacenada estructuralmente.
d) Procesos cíclicos
Los procesos cíclicos son un tipo especialmente interesante de procesos unitarios, porque se desarrollan en secuencias temporales periódicas; por tanto, manifiestan un tipo de unidad que se encuentra en la base de toda la actividad de la naturaleza: la unidad de los ritmos temporales.
Cuando se habla de pautas y de unidad, suele pensarse en las configuraciones espaciales, que se representan fácilmente mediante la imaginación y, sin duda, ocupan un lugar central en la construcción de la naturaleza. Pero las pautas que se refieren al despliegue en el tiempo, o sea, los ritmos temporales, tienen al menos la misma importancia que las pautas espaciales, y de ellas depende esencialmente el despliegue del dinamismo natural.
Se encuentran pautas temporales por doquier. Por ejemplo, las divisiones celulares, mediante las cuales se producen nuevas células, se desarrollan de acuerdo con pautas temporales. En las últimas décadas se han dado los primeros pasos para conocer cómo se desarrolla el control del cielo celular en algunos organismos simples; la alternancia de fases está dirigida por reacciones químicas autogeneradas en el citoplasma: se trata de un «oscilador», un «reloj» que, con gran regularidad, provoca contracciones periódicas[7].
Se ha avanzado mucho en el conocimiento de los ritmos biológicos. No se trata de fenómenos aislados; por el contrario, toda la actividad de los vivientes está estrechamente relacionada con la existencia de ritmos. Se comprende fácilmente por qué es así; en efecto, la organización temporal resulta indispensable para que se realicen de modo sucesivo y coordinado las diferentes funciones.
El estudio de esas estructuras temporales (los ritmos biológicos) ha dado lugar a una rama científica denominada «cronobiología». "El desarrollo de la cronobiología como ciencia que estudia la estructura temporal de los organismos, se ha basado en la demostración de dos hechos fundamentales: uno, que los fenómenos cíclicos no son meras respuestas pasivas a los cambios que ocurren en el medio externo....sino verdaderas adaptaciones, incrustadas en el código genético, a los diversos ciclos temporales que los cambios geográficos ofrecen. Y dos, que la misma naturaleza de los procesos reguladores lleva implícita la tendencia a la oscilación. Así pues, se puede considerar que los ritmos biológicos son adaptaciones hereditarias de los seres vivos al cambiante medio externo, usando dos tipos de mecanismos: la presencia de osciladores intemos .....y la presencia de lazos de retroalimentación"[8] .
El funcionamiento de los organismos incluye, por una parte, mecanismos rítmicos internos, y por otra, mecanismos que permiten ajustar los ritmos internos a las condiciones externas. Algunos ritmos, como el respiratorio y el cardíaco, tienen manifestaciones externas fácilmente observables; otros se han descubierto gracias al progreso de las ciencias. Los hay de frecuencia baja (con períodos desde 6 días hasta varios años), media (períodos entre 30 minutos y 6 días), y alta (desde 0,5 milisegundos hasta 30 minutos). Los ritmos de frecuencia alta, como la respiración y el ritmo cardíaco, son muy sensibles a la temperatura, y su generación depende de las propiedades de neuronas y redes neuronales de carácter oscilador y resonador[9].
En definitiva, aunque son todavía pocos los conocimientos bien establecidos acerca de los mecanismos de los ritmos biológicos, su importancia se encuentra fuera de dudas. Una vez más, en este caso encontrarnos procesos unitarios en los que se da una gran coordinación, y que se basan en mecanismos físico-químicos que tienen también el carácter de procesos unitarios coordinados. Estos mecanismos se refieren a osciladores, o sea, sistemas que poseen un comportamiento periódico, en el que se repiten una vez y otra los mismos movimientos. Ni siquiera basta la existencia de osciladores aislados para explicar los fenómenos naturales; muchos fenómenos de gran importancia sólo pueden comprenderse gracias a la existencia de osciladores acoplados, en los que existe una concatenación que hace solidarios a todos los osciladores: "Podemos hallar osciladores acoplados de uno a otro extremo del mundo natural, pero resultan especialmente conspicuos en los seres vivos: las células marcapasos del corazón, las células secretoras de insulina del páncreas, las redes neuronales del cerebro y de la médula espinal que controlan conductas rítmicas como la respiración, la carrera o la masticación"[10]. También en este caso desempeña una función crucial la sinergia o acción cooperativa, que constituye un puente entre los fenómenos físico-químicos y los biológicos, y que manifiesta el carácter holístico y direccional de los procesos unitarios.
Existen muchos otros procesos particulares que tienen un carácter oscilatorio o periódico, aunque no se encuentren organizados de un modo tan cooperativo como los anteriormente mencionados. En realidad, seda imposible comprender el funcionamiento de la naturaleza si no existieran esos fenómenos periódicos, que se relacionan con las interacciones básicas: la rotación diurna y anual de la Tierra alrededor del Sol, la rotación de la Luna alrededor de la Tierra, los fenómenos ondulatoríos electromagnéticos, etc. También tienen gran importancia los ciclos biogeoquímicos, tales como la circulación de elementos fundamentales para la vida a través de los diferentes componentes de la naturaleza, que desempeñan una función central para comprender, bajo la perspectiva ecológica, la cooperatividad de los múltiples factores que integran el sistema de la naturaleza.
3.3. Perspectiva de los procesos unitarios
El análisis de los procesos unitarios pone de relieve la complementariedad de la perspectiva analítica, que estudia los componentes de la naturaleza aislándolos, y la perspectiva sintética, que estudia las relaciones entre esos componentes. Los datos aportados muestran que los procesos unitarios, en los que existe una coordinación de diversas fases desde un estado inicial hasta un estado final, ocupan un lugar central en la naturaleza. Los conocimientos actuales permiten superar la visión demasiado esquemática que resultaba de la perspectiva analítica y del desarrollo fragmentario de las ciencias, y resaltan las dimensiones holísticas, sinérgicas y direccionales de los procesos naturales.
Al mismo tiempo, el recorrido a través de los procesos unitarios permite comprobar la función central que en ellos desempeña la información. Las pautas dinámicas, que en muchos casos son pautas informacionales en sentido estricto, están almacenadas y se despliegan a través de mecanismos estrechamente relacionados con la información. Se trata de instrucciones o programas inscritos en las estructuras naturales, cuyo despliegue produce procesos unitarios.
También hemos comprobado que los procesos unitarios no sólo existen en el ámbito biológico (aunque ése sea su ámbito privilegiado), sino también en el nivel físico- químico, que sirve de base a los fenómenos biológicos.
[1] "Los biólogos aceptan que las células se reconocen entre sí gracias a la existencia de parejas de estructuras complementarias situadas en su superficie: una estructura acomodada en la superficie de una célula porta información que la estructura de otra puede descifrar, idea que generaliza la hipótesis de la llave y la cerradura, formulada en 1897 por Emil Fisher, para describir la especificidad de las interacciones entre enzimas y sustratos. Paul Ehrlich la amplió en 1900 para explicar la elevada especificidad de las reacciones del sistema inmunitario. Y en 1914 Frank Rattray Lillie, de la Universidad de Chicago, hizo uso de la misma hipótesis para señalar el reconocimiento mutuo de óvulo y espermatozoide. Hacia los años veinte, la hipótesis de la llave y la cerradura se había convertido en uno de los postulados centrales de la biología molecular": N. Sharon - H. Lis, «Carbohidratos en el reconocimiento celular», Investigación y ciencia, n° 198, marzo 1993, p. 20 (las cursivas son nuestras).
[2] "Se calcula que en el córtex cerebral hay más de 146.000 neuronas por milímetro cuadrado; con lo cual la totalidad de la superficie cerebral viene a contener, por lo menos, 30.000 millones de cuerpos neuronales. Y puesto que las espinas de cada dendrita alcanzan por término medio un número de 20.000, habremos de concluir que en la corteza cerebral del hombre hay entre 1014 y 1015 conexiones sinápticas": P. Laín - Entralgo, Cuerpo y alma, Espasa Calpe, Madrid 1991, p. 207.
[3] R. M. Berne - M. N. Levy, Fisiología, p. 56 (los subrayados son nuestros).
[4] Ibid., pp. 478-479.
[5] "Las principales funciones del núcleo guardan una relación directa con el tratamiento de la información; abarcan también la conservación y, si fuera necesario, la restauración de la biblioteca genética, la transcripción especialmente, un proceso muy selectivo y complejo por el cual se leen ciertas instrucciones del almacén donde se encuentra la información y se envían al citoplasma para su expresión. Los genes ejercen su influencia dominante sobre la célula a través de esos mecanismos. Cuando una célula se prepara para la división, el núcleo realiza una función adicional, que consiste en la duplicación exacta de toda la biblioteca genética. Posteriormente, el núcleo sufre una compleja reorganización, la mitosis, en la que los cromosomas dejan transitoriamente verse como filamentos separados, dando lugar a la formación de dos núcleos": C. de Duve, La célula viva, Labor, Barcelona 1988, p. 19.
[6] Puede verse al respecto: E. M. De Robertis - G. Oliver - C. V. E. Wright, «Genes con homeobox y el plan corporal de los vertebrados», Investigación y ciencia, n° 168, septiembre 1990, pp. 14-21; T. Beardsley, «Genes inteligentes», Investigación y ciencia, n° 181, octubre 1991, pp. 76-85.
[7]Véase: A. W. Murray - M. W. Kirschner, «Control del ciclo celular», Investigación y ciencia, n° 176, mayo 1991, pp. 26-33. En la p. 33 se encuentran las siguientes afirmaciones: "Tanto las levaduras como las células somáticas de organismos pluricelulares poseen mecanismos para retrasar la entrada en mitosis hasta que no se replique el ADN y se repare cualquier lesión que haya sufrido"; "Sabemos ya que, en células somáticas y en embriones avanzados, la decisión de replicar el ADN en la interfase se halla sujeta a una finísima regulación, como sucede también con la decisión de iniciar la mitosis...(para esta segunda decisión) la célula valora si ha crecido bastante y puede proceder sin miedo a la replicación del ADN y, por tanto, a la mitosis...El paso por el punto de arranque está tan controlado como el paso por la mitosis...se halla también sometido al control de nutrientes, hormonas y factores de crecimiento"; "No debiera sorprendernos una regulación tan estratificada del control del ciclo en la mayoría de las células. Los organismos pluricelulares, en particular, deben mantener controles y análisis para coordinar las diferentes etapas del ciclo celular y armonizarlas con las exigencias generales del organismo. La capacidad para regular el crecimiento y la división celular, así como la diferenciación en células especializadas, resulta crucial para el desarrollo ordenado del embrión, para la salud y, en último término, para la supervivencia del organismo" (las cursivas son nuestras).
[8] J. M. Delgado, «Ritmos biológicos», en: J. A. F. Tresguerres (editor), Fisiología humana, Interamericana-McGraw Hill, Madrid 1992, p. 1167. -
[9] Cfr. ibid., pp. 1170 y 1174. "Los denominados generadores centrales de patrones en invertebrados....están formados bien por una o más neuronas con propiedades de membrana autorrítmicas, bien por un tipo de conectividad sináptica, que produce la respuesta oscilatoria de la red neuronal o, por último, por soluciones mixtas. Aunque no tan bien conocidos en la actualidad, los generadores centrales de patrones en vertebrados siguen probablemente un diseño funcional similar": ibid., p. 1175.
[10] S. U. Strogatz - 1. Stewart, «Osciladores acoplados y sincronización biológica», Investigación y ciencia, n° 209, febrero 1994, p. 54.



