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El despliegue del Dinamismo natural

por Romen
jueves, 26 de junio del 2008 a las 03:55

EL DESPLIEGUE DEL DINAMISMO NATURAL

Indice

1. Pautas dinámicas

1. Pautas dinámicas e información

1.2. Tipos de pautas dinámicas

a) Leyes dinámicas

b) Pautas informacionales

1.3. Sinergia, organización y tendencias

2. Los procesos naturales

2. 1. Modalidades del devenir

                a)Cambios substanciases y accidentales

                b) Procesos unitarios

2.2. El proceso como despliegue de información

2.3. Potencialidad y actualidad

                                a)La explicación aristotélica del devenir

                                b)Las nociones de potencia y acto

                                c) Tipos de potencia y acto

                                d) La actualización de potencialidades

3. Los procesos unitarios en la naturaleza

3. 1. Los procesos unitarios ante la experiencia ordinaria

3.2. Los procesos unitarios ante las ciencias

a) Procesos holísticos

b) Procesos funcionales

c)     Procesos morfogenéticos

d) Procesos cíclicos

3.3. Perspectiva de los procesos unitarios

4. La construcción de la naturaleza

4. 1. La direccionalidad del devenir natural

4.2. La emergencia de novedades

4.3. La auto-organización de la naturaleza

5. Interpretaciones filosóficas de los procesos naturales

5. 1. Los procesos ante la ciencia experimental

5.2. Bergson y Whitehead: devenir y creatividad

5.3. Hartmann: potencialidad actualidad y teleología

                La naturaleza está surcada en  todos sus niveles por el cambio; ninguno de sus aspectos está sustraído al devenir, que adopta una enorme variedad de modalidades. Sin embargo, esas transformaciones giran en tomo a «pautas dinámicas» específicas, de tal modo que nuestro mundo posee una organización muy singular: existen muchos procesos unitarios, que constan de fases coordinadas cuya unidad sólo se explica porque existe una «información» que guía el despliegue del dinamismo natural.

                C__ndo consideramos los diferentes niveles de organización, advertimos que el despliegue del dinamismo natural en cada uno de ellos se realiza de acuerdo con pautas, y que en cada nivel existen potencialidades específicas cuya actualización conduce a una jerarquía de niveles que poseen una complejidad organizativa creciente. La construcción de la naturaleza aparece así como un gran proceso global de auto-organización, en el que se producen auténticas novedades emergentes, y todo ello es posible gracias al almacenamiento y despliegue de información.

                En el primer apartado de este capítulo se señalan los aspectos estructurales del dinamismo natural, o sea, la existencia de «pautas dinámicas», y se muestra que esas pautas equivalen al almacenamiento y despliegue de «información». En el segundo apartado, después de examinar las modalidades del devenir natural, se subraya la importancia de los «procesos unitarios», y se analiza la explicación de los procesos en términos de potencialidad y actualidad, mostrando que esa explicación resulta iluminada cuando se la considera bajo la perspectiva de la información. En el tercer apartado se ejemplifica el conocimiento que poseemos de los procesos unitarios en la actualidad, con objeto de mostrar los nuevos panoramas que se abren a la reflexión filosófica. En el cuarto apartado se examinan, a la luz de las ideas anteriores, algunos aspectos del devenir natural que se relacionan con la emergencia de novedades. Por fin, en el quinto y último apartado, se examinan algunas interpretaciones filosóficas de los procesos naturales con el fin de precisar las ideas expuestas en este, capítulo y situar su verdadero alcance.

1. Pautas dinámicas

                Los sistemas naturales no se encuentran nunca completamente aislados; además, como poseen un dinamismo propio, interaccionan entre sí. De ahí resultan los cambios, tal como se dan en la naturaleza: el devenir natural es el resultado de interacciones, en las cuales se integran los dinamismos que intervienen y producen un resultado común. En definitiva, la estructura básica de cualquier cambio natural consiste en interacciones en las que se llega a estados de equilibrio.

                Los procesos naturales no se desarrollan de modo errático: los dinamismos se despliegan de acuerdo con pautas, su integración también responde a pautas, y el resultado de los procesos se articula en tomo a pautas. Por tanto, para representar fielmente los procesos naturales, es preciso considerar las pautas específicas que guían su desarrollo y sus resultados; las denominaremos pautas dinámicas, para distinguirlas de las pautas que se refieren a las configuraciones espaciales.

                Para comprender esas pautas, resulta muy ilustrativo el concepto de información. En efecto, nuestro conocimiento de las pautas dinámicas se representa mediante leyes que equivalen a programas de actuación. En este sentido, las leyes contienen una información sobre el posible curso de los procesos; esa información expresa las posibilidades del dinamismo natural cuando se dan unas condiciones concretas: corresponde, por tanto, a algo real.

1.1. Pautas dinámicas e información

                El concepto de información suele utilizarse en tres contextos que, si bien están relacionados, son diferentes. En primer lugar, tanto en la vida ordinaria como en las ciencias de la información, se relaciona con la comunicación de mensajes y, por tanto, con la acción de informar a alguien acerca de contenidos que tienen un significado. En segundo lugar, la teoría de la información estudia aspectos tecnológicos de la transmisión y tratamiento de mensajes, utilizando conceptos matemáticos relacionados con la teoría de la probabilidad. En tercer lugar, en las ciencias experimentales se utiliza cada vez más un concepto de información que equivale aproximadamente a un programa que guía la actividad natural: este concepto se comenzó a utilizar en la biología cuando se descubrió la existencia de la información genética, y se ha extendido tanto a otros dominios de la biología como también de la física y la química. Aquí utilizaremos el concepto de información en este tercer sentido[1].

                En las interacciones naturales pueden reconocerse los elementos típicos de la información: señales, código, almacenamiento, comunicación, interpretación e integración. Nuestro conocimiento de estos factores dista mucho de ser completo, pero se conoce suficientemente en algunos casos, y es posible afirmar su existencia en otros.

                La información se encuentra almacenada en las estructuras espaciales, cuya configuración equivale a un programa o unas instrucciones que determinan cómo actuar

frente a cada tipo de señales. La estructura de cada sistema determina unas disposiciones internas, cuya actualización depende de las interacciones que intervienen en cada caso concreto.

                En las interacciones, las respectivas informaciones se integran o combinan en un resultado único; se combinan los dinamismos y estructuraciones, dando lugar a nuevas pautas informacionales.

                En este contexto, sobre todo cuando se piensa en las señales, los códigos , la comunicación y la interpretación de la información, es difícil evitar el uso de conceptos antropomórficos; pero se trata de un antropomorfismo que no ofrece mayor dificultad, con tal que se tenga en cuenta su carácter metafórico. Por ejemplo, las entidades físico- químicas no poseen un conocimiento ni un lenguaje semejantes a los nuestros; sin embargo, en un sentido metafórico pero real, conocen y se comunican: un electrón «sabe» que se encuentra dentro de un campo electromagnético, «conoce» que el campo tiene unas determinadas características y, en consecuencia, sus posibles modos de comportamiento; asimismo, cuando una partícula llega hasta un átomo con una determinada energía, el átomo la detecta, «conoce» sus características y reacciona de acuerdo con las pautas correspondientes. Esto nada tiene que ver con un «panpsiquismo» que atribuya una conciencia a esas entidades físico-químicas; simplemente, refleja aspectos de la realidad para cuya conceptualización nos vemos forzados a utilizar un lenguaje metafórico, y equivale a reconocer que no existe una materia puramente inerte o pasiva, ya que toda entidad material contiene una información que guía sus interacciones.

 1.2. Tipos de pautas dinámicas

                Cualquier pauta dinámica corresponde al despliegue de una información almacenada estructuralmente; por tanto, puede recibir el nombre de «pauta informacional». Sin embargo, distinguiremos dos grandes tipos de pautas dinámicas: las leyes dinámicas, que representan el comportamiento de sistemas relativamente simples en condiciones precisas, y las pautas informacionales en sentido más estricto, que corresponden al desarrollo de procesos más complejos en los que se da una secuencia de estados sucesivos y suponen un elevado grado de organización.

a) Leyes dinámicas

                Muchas leyes científicas son leyes dinámicas en su misma formulación, porque se refieren a los cambios que experimentan los sistemas cuando se encuentran en determinadas condiciones. Y cualquier ley expresa la existencia de pautas; por tanto, una ley dinámica expresa la existencia de pautas dinámicas.

                En cualquier rama de la ciencia existen muchas leyes dinámicas, lo cual pone de relieve la función básica que las pautas dinámicas desempeñan en la naturaleza.

                Hablando estrictamente, las leyes que rigen el comportamiento de las entidades naturales no tienen una existencia independiente: lo que existe en la realidad son sistemas naturales cuyo dinamismo se despliega de acuerdo con pautas, y a partir de las manifestaciones de ese despliegue nosotros formulamos leyes que resumen el posible comportamiento de los sistemas en las diferentes circunstancias. Esas leyes, cuando están bien comprobadas, corresponden a la realidad, y su formulación es uno de los principales objetivos de las ciencias; pero no debe olvidarse que no tienen una existencia «separada»: se encuentran «incorporadas» a los sistemas naturales, de cuyo comportamiento las abstraemos. Por tanto no debe sorprender que, por muy exactas que sean, posean un carácter sólo aproximativo.

 b) Pautas informacionales

                En los sistemas que poseen un elevado grado de organización, existen procesos que no se pueden representar mediante leyes simples, porque constan de una serie de pasos sucesivos, mutuamente coordinados. En ese caso, nos encontramos ante pautas informacionales que implican todo un programa de actuación.

                Las pautas informacionales consisten en instrucciones que guían el despliegue del dinamismo natural. Existen programas complejos, que contienen instrucciones de diferentes niveles, coordinadas de tal modo que regulan todo un conjunto de procesos que conducen a estructuras con un alto grado de organización; se trata de pautas informacionales complejas, que alcanzan su grado máximo en la organización funcional de los vivientes.

                El caso típico es la información genética, que equivale a una pauta informacional que se encuentra almacenada en una pauta estructural (la estructura espacial del ADN), y guía el despliegue de todo un conjunto de pautas dinámicas particulares (los procesos de transcripción y traducción del ADN), las cuales, a su vez, tienen como resultado la producción de nuevas pautas estructurales (las de las proteínas) que, de nuevo, despliegan otras pautas dinámicas (los procesos en los que intervienen las proteínas), y así sucesivamente. Por tanto, en la información genética se entrelazan el dinamismo y la estructuración a través de pautas informacionales. La información genética se encuentra almacenada en estructuras espaciales que contienen pautas, y guía el desarrollo de procesos que producen otras pautas espaciales. La estructura espacial inicial, los procesos dirigidos por esa estructura, y las estructuras producidas mediante esos procesos, responden a pautas.

                En la actividad guiada por la información genética, cada paso se desarrolla de acuerdo con leyes físico-químicas particulares (leyes dinámicas), pero forma parte de procesos que se desarrollan de acuerdo con un programa. Durante el desarrollo de ese programa (que se extiende a la vida entera del organismo), se producen muchos procesos en los cuales se forman y regeneran substancias bioquímicas, células, tejidos, órganos y sistemas: se trata de un proceso global que incluye aspectos cooperativos, holísticos y díreccionales.

1.3. Sinergia, organización y tendencias

                En efecto, la existencia de pautas informacionales exige la acción conjunta de muchos componentes: sólo así es posible que una estructura espacial contenga información almacenada y que esa información se despliegue en una serie de pasos coordinados. La existencia de sinergia o acción cooperativa no sólo es una condición necesaria para que existan pautas informacionales; debe poseer, además, caracteres muy específicos, de tal modo que pueda darse el acoplamiento, tanto simultáneo como sucesivo, de una gran cantidad de factores.

                Una acción cooperativa de ese tipo sólo puede darse si existe un elevado grado de organización; debe tratarse, además, de una organización estable. En la actualidad, conocemos con detalle muchos aspectos de la organización de los vivientes y de la cooperatividad de sus componentes, y ese conocimiento muestra de modo contundente la enorme sutileza de la organización de los vivientes y la cooperatividad de sus componentes.

                La sinergia y la organización ponen de manifiesto la existencia de tendencias. No es necesario abordar ahora el problema de la finalidad de modo detallado; nos limitamos a señalar que si la existencia de pautas dinámicas ya es un indicio de direccionalidad, mucho más lo es la existencia de pautas informacionales que guían el desarrollo de procesos unitarios cuyas fases se encuentran coordinadas.

2. Los procesos naturales

                La simple enumeración de los diferentes cambios que se dan en la naturaleza exigiría una tarea enciclopédica. Lo que aquí nos interesa es analizar las principales modalidades de esos cambios, centrando la atención de modo especial en los procesos unitarios que consisten en una sucesión coordinada de fases sucesivas, porque ahí se manifiesta con especial claridad el carácter específico de la naturaleza en la que vivimos.

2. 1. Modalidades del devenir

                Los aspectos dinámicos de la naturaleza suelen designarse mediante términos que, si bien están relacionados entre si, tienen significados diferentes: «devenir», «cambio», «movimiento», «transformación», «mutación», «proceso». El uso de esos términos varía según los diferentes autores y contextos. Por ejemplo, se suele hablar de «devenir» en un sentido muy general, para expresar que todas las entidades naturales se encuentran sumergidas en el flujo de los cambios; se habla de «cambio» para designar cualquier tipo de variación; «movimiento» designa a veces cualquier cambio, y en un sentido más estricto, el cambio de lugar o posición; los términos «transformación» o «mutación» subrayan que el cambio afecta a un sujeto; por fin, el término «proceso» se utiliza para designar el conjunto de las fases sucesivas de un fenómeno.

                Obviamente, el significado más amplio corresponde a los términos «devenir» y «cambio». Y ambos se relacionan estrechamente con el «movimiento», porque siempre suponen algún movimiento o cambio de posición: es imposible que algo natural cambie sin que ninguna de sus partes se mueva. El término «proceso» designa una realidad articulada: implica una serie de pasos que conducen a un resultado; por tanto, en cualquier proceso se dan una serie de cambios y movimientos.

                Consideraremos, en primer lugar, la clasificación clásica de los cambios en substanciales y accidentales; y a continuación, examinaremos los procesos.

a) Cambios substanciales y accidentales

                Aristóteles distinguió dos tipos de cambios: el accidental, que se da cuando una sustancia conserva su identidad pero cambia bajo algún aspecto accidental, y el substancial, que supone la desaparición de una substancia y su transformación en otra diferente.

                Además, distinguió tres tipos de cambio accidental: el cambio de lugar, que suele denominarse también movimiento local o simplemente movimiento; el cambio en la cantidad, que puede ser de aumento o de disminución; y el cambio en las cualidades, que se denomina alteración .

                Entre estos cambios existe un orden. El más superficial es el movimiento local, porque sólo implica un desplazamiento, y puede darse aunque no haya otros cambios más profundos. A continuación se encuentran el cambio en la cantidad, que sólo supone el movimiento local, y el cambio de cualidad que supone los dos anteriores. Por fin, el más profundo es el cambio substancial.

                En el cambio accidental, la sustancia cambia, pero sólo accidentalmente, sin que el cambio llegue a afectar a su identidad o modo de ser esencial; se trata, por ejemplo, de todos los cambios que se dan en un ser vivo mientras mantiene su identidad. En el cambio substancial, la substancia cambia radicalmente, ya que deja de existir una sustancia determinada y comienza a existir otra; es lo que sucede, por ejemplo, cuando muere un viviente.

                El cambio substancial viene preparado por una serie de cambios accidentales que, cuando llegan a ser suficientemente intensos, provocan el cambio de la identidad sustancial.

                Que un cambio sea accidental no significa que sea poco importante; sólo significa que el sujeto de ese cambio no deja de existir según su modo de ser básico. Sin duda, existen cambios accidentales que son muy superficiales, pero otros, por el contrario, pueden afectar seriamente al sujeto substancial.

                Estas ideas aristotélicas pueden integrarse fácilmente en la perspectiva contemporánea. Desde luego, exigen tomar en consideración los conceptos de substancia y accidente; corno ya se ha visto, la aplicación del concepto de substancia resulta más fácil en el caso de los vivientes (ámbito biológico) que en los sistemas físico-químicos, y lo mismo sucederá, por tanto, cuando se intente determinar la existencia de cambios substanciales. El concepto de cambio cuantitativo (aumento o disminución), también resulta especialmente claro cuando se aplica a los vivientes.

                Evidentemente, esta clasificación tiene interés cuando se aplica a los cambios en los que tiene interés, y es posible, determinar un sujeto substancial concreto. Si se desea centrar la atención en la organización de la naturaleza (y, por tanto, en su racionalidad), tiene especial interés considerar, como lo haremos a continuación, los procesos; pero una perspectiva no excluye la otra: en efecto, se puede afirmar que los procesos naturales constan, en última instancia, de cambios substanciales y accidentales, e incluso podría aventurarse que la explicación aristotélica del cambio en términos de potencialidad y actualidad (que consideraremos en este mismo apartado), corresponde principalmente a lo que aquí denominamos «procesos unitarios».

b) Procesos unitarios

                Aunque en ocasiones se denomina «proceso» a cualquier cambio, aquí utilizaremos ese término para designar un cambio que consta de una serie de pasos articulados que llevan desde un estado inicial hasta otro estado final. Se supone, por tanto, que los pasos que constituyen un proceso se encuentran coordinados, y que su sucesión posee cierta unidad. En este sentido se puede definir el proceso como el "conjunto de las fases escalonadas de un fenómeno natural o de una operación artificial"[2]; o también como una "serie escalonada de operaciones para alcanzar un objetivo determinado", o una "transformación de un sistema[3]".

                Es fácil advertir por qué centramos nuestra atención en los procesos. En efecto, si consideramos el devenir en general, lo que aparece ante nuestros ojos es una enorme variedad de cambios cuyo estudio detallado más bien corresponde a las ciencias. De hecho, aunque en muchos tratados filosóficos se estudia el devenir en general, se puede comprobar que, cuando se plantean los problemas filosóficos, aunque quizá no siempre se advierta expresamente, lo que se está considerando son procesos unitarios que poseen caracteres específicos.

                En la naturaleza existe una enorme diversidad de procesos. La mayoría son muy complejos y pueden dividirse en sub-procesos; además, se desarrollan de modo continuo, de manera que determinar dónde acaba un proceso y comienza otro depende, en cierta medida, del punto de vista que adoptemos Desde la perspectiva filosófica interesa, sobre todo, estudiar aquellas características de los procesos que permiten comprender las propiedades básicas de nuestro mundo, y especialmente por qué posee una organización enormemente específica que hace posible la vida humana. Por consiguiente, los procesos que más interesan a la filosofía son los que poseen de modo más acusado dimensiones holistas y direccionales.

                Existen en la naturaleza muchos procesos que poseen un alto grado de unidad y de direccionalidad, tanto en su punto de partida, como en su término y en su desarrollo: su comienzo y su término consisten en situaciones bien determinadas, y el tránsito desde el estado inicial hasta el final se desarrolla de modo característico. Estos caracteres se dan, sobre todo, en los vivientes: su desarrollo desde las fases primeras hasta la madurez es un gran proceso claramente unitario y direccional, y su actividad está llena de relaciones funcionales que manifiestan también la unidad y la tendencialidad propia de los organismos. Pero el progreso científico permite conocer también muchos procesos unitarios y direccionales en el nivel físico-químico.

                Es claro que no podemos atribuir a los procesos naturales el mismo tipo de direccionalidad que se da en los procesos guiados por la razón humana; los procesos racionales y los artificiales están guiados por la búsqueda consciente de un fin, cosa que no sucede en los procesos naturales: los procesos racionales consisten en el encadenamiento mental de ideas, y los artificiales responden a un proyecto y, por tanto, poseen una dirección deliberadamente impuesta por el agente. En cambio, los procesos naturales provienen de agentes irracionales y no se les puede atribuir la finalidad característica del comportamiento racional.

                Sin embargo, los procesos naturales se desarrollan de un modo direccional, y conducen a resultados que poseen un alto grado de organización: aunque no son racionales en sentido estricto, manifiestan una cierta racionalidad en sus resultados y en el modo de conseguirlos Estos son los aspectos que más interesan a la reflexión filosófica.

2.2. El proceso como despliegue de información

                Es fácil relacionar los procesos unitarios con las pautas informacionales, ya que ambos se exigen mutuamente.

                Por una parte, no se comprende cómo podría existir un proceso unitario, que supone una sucesión coordinada de pasos, si no existiera algún tipo de programa que guiara el desarrollo del proceso, y esto es precisamente una pauta informacional.

                Por otra parte, una pauta informacional consiste en unas instrucciones almacenadas estructuralmente de cuyo despliegue resulta una serie de pautas dinámicas coordenadas; por tanto, un proceso unitario.

                Ahora podemos advertir que la distinción entre «leyes dinámicas» y «pautas informacionales» corresponde, aproximadamente, a la distinción entre lo que podemos denominar «cambios aislados» y los «procesos unitarios».Ningún cambio, en sentido estricto, se encuentra completamente aislado; sin embargo, es posible considerar muchos cambios como si apenas tuvieran alguna relación con casi ningún otro, o al menos, como si no formaran parte de una serie coordinada. Este tipo de consideración tiene una importancia central en las ciencias experimentales, y de ahí provienen muchos equívocos que se han planteado en tomo al devenir en la época moderna.

                En efecto, el procedimiento típico de las ciencias experimentales consiste en adoptar una perspectiva analítica, en la que se descomponen los procesos de tal modo que puedan aislarse sus componentes; de este modo se pueden estudiar de modo sistemático, investigando cómo varían los diversos factores en condiciones experimentales controladas (por tanto, aislando los aspectos que interesan, de modo que puedan dejarse fuera de la consideración todos los demás). Este procedimiento es extraordinariamente eficaz y permite conseguir muchos conocimientos particulares que, de otro modo, resultarían inaccesibles. Pero, desde el punto de vista filosófico, existe el peligro del reduccionismo, que tiende a reconstruir la naturaleza como una simple suma de las transformaciones particulares que se pueden estudiar mediante la perspectiva analítica. De este modo, se pierde de vista lo más característico de la naturaleza: la existencia de una organización que, en el aspecto dinámico, se muestra a través de procesos unitarios que consisten en una serie articulada de pasos que conducen desde un estado inicial preciso hasta otro estado final igualmente concreto, de un modo direccional.

                El progreso reciente de las ciencias ha puesto de relieve que, si bien la perspectiva analítica conserva toda su importancia para conocer pautas dinámicas particulares (leyes), podemos también estudiar científicamente muchos procesos unitarios que responden a pautas informacionales. Este nuevo panorama sólo se ha abierto claramente en las últimas décadas, gracias a los avances de las teorías morfogenéticas. A la luz de este progreso, las reflexiones filosóficas de épocas anteriores acerca del devenir adquieren un nuevo relieve: se advierten las insuficiencias de las que dependían excesivamente de la perspectiva analítica y, en cambio, adquieren un carácter casi profético las que subrayaban los aspectos holísticos, sinérgicos y direccionales de los procesos naturales; además, el concepto de información permite comprender mucho mejor estos aspectos, que hasta nuestra época aparecían envueltos en un cierto aire de misterio. Lo comprobaremos al analizar, a continuación, la explicación de los procesos en términos de potencialidad y actualidad.

2.3. Potencialidad y actualidad

                Sin duda, la doctrina de la potencia y el acto es uno de los principales logros de Aristóteles y un elemento fundamental del pensamiento filosófico, que es utilizado ampliamente incluso por quienes no comparten otros aspectos de la filosofía aristotélica.

                Aristóteles utilizó esa doctrina, que se aplica a muchos otros problemas, para explicar el devenir. Consideraremos ahora este aspecto, examinaremos luego brevemente algunos significados del acto y de la potencia que tienen especial interés para la filosofía de la naturaleza, y a continuación mostraremos que la explicación de los procesos como actualización de potencialidades adquiere un nuevo relieve cuando se la considera a la luz del concepto de información.

a)La explicación aristotélica del devenir

                Entre los primeros filósofos algunos incluso negaron la realidad del cambio. Argumentaron que el cambio supone una novedad en el ser, que esa  novedad no puede surgir de la nada y que, por tanto, surge de algo que ya existía: de esas premisas concluyeron que no existe un cambio real, sino sólo aparente. Puesto que esa conclusión es incompatible con los datos de la experiencia, debería afirmarse que la experiencia no nos proporciona un conocimiento auténtico de la realidad; por tanto, existiría una dicotomía entre la verdadera realidad, sólo accesible al conocimiento intelectual, y el mundo de las apariencias sensibles. Esta fue la línea inaugurada por Parménides.

                Los atomistas griegos (Leucipo y Dermócrito) intentaron explicar la naturaleza mediante la combinación de los átomos y el vacío. Afirmaban que los átomos son entidades inmutables e indivisibles (éste es el significado del término griego «átomo»), que constituyen en último termino la trama de la naturaleza. El único cambio real sería el movimiento local, y la naturaleza se explicaría mediante el desplazamiento y las combinaciones de los átomos: las entidades naturales serían el resultado de la combinación de los átomos, y los procesos se reducirían al desplazamiento de partes materiales.

                Aristóteles intentó reconciliar las exigencias de la razón y de los sentidos, afirmando la realidad del cambio tal como se presenta en la experiencia e intentando explicar racionalmente cómo es posible. Su explicación del devenir se basa en los conceptos de potencia y acto. Ser en acto significa poseer una determinación, y ser en potencia significa que, si bien no se posee esa determinación, se da la capacidad real de llegar a poseerla. Bajo esta perspectiva, el cambio es la actualización de una potencialidad. Ser en potencia es algo intermedio entre el puro no-ser y el ser en acto , puesto que se tiene la capacidad de llegar a ser lo que no se es. Ser en potencia tiene, además, una cierta connotación teleológica o finalista, ya que significa que se poseen capacidades o disposiciones con respecto a tipos específicos de actos, o sea, que existe una cierta direccionalidad: cuando se dan las condiciones adecuadas, se actualizan las potencialidades, y el cambio consiste precisamente en ese proceso de actualización.

                Según la definición clásica de Aristóteles, el cambio es el acto del ente en potencia en cuanto que está en potencia[4] . Esto significa que el punto de partida es un ente que no posee una determinación en acto, pero tiene la potencialidad o capacidad de llegar a poseerla, y que el cambio se da cuando esa potencialidad se actualiza, y precisamente mientras se está actualizando; una vez que ya se posee en acto, cesa el cambio.

                Aristóteles afirmó que el cambio "es una especie de actualidad, o actualidad del tipo descrito, difícil de alcanzar, pero no incapaz de existir"[5]. Esta afirmación de Aristóteles apunta hacia una dificultad que se presenta al analizar el devenir; en efecto, se trata de apresar conceptualmente una realidad dinámica. Cuando definimos el devenir, no debemos perder de vista que nos referimos a un flujo real, que no se reduce a una simple suma de estados estáticos sucesivos.

                En cada entidad existen diferentes potencialidades. Una potencialidad concreta no se actualiza siempre, sino sólo si concurren todos los factores requeridos. La existencia de una potencialidad es una condición necesaria, pero no suficiente, para que se dé un determinado proceso. Pero, incluso si no se actualiza, sigue siendo una capacidad real. De algún modo equivale a una tendencia ya, que significa que existen unas posibilidades específicas que, si se actualizan, conducirán a un resultado determinado.

                La idea de potencialidad es muy general. No es un sustituto de los mecanismos físicos mediante los cuales se realizan los procesos, ni representa una evasión filosófica para evitar investigaciones detalladas. Es la conceptualización de un modo de ser, que es necesario admitir para explicar racionalmente la posibilidad del cambio. Aristóteles se planteó la explicación del devenir en un nivel ontológico, considerándolo como un modo de ser que se explica en función del ser en potencia y del ser en acto. El devenir, entendido como actualización de una potencialidad, es el modo de ser propio de aquello que se encuentra en camino de llegar a ser algo que no era anteriormente. Así se comprende que Aristóteles afirmara que "hay tantos tipos de movimiento o cambio cuantos son los significados de la palabra es"[6], y que "hay tantas especies de movimiento y de cambio como del ente"[7].

b) Las nociones de potencia y acto

                Aunque el estudio pormenorizado de la potencia y del acto suele reservarse a la metafísica, es muy conveniente introducir tres precisiones que ayudarán a comprender el alcance de esa doctrina y su aplicación a la filosofía natural.

                En primer lugar, si se desea hablar con precisión, más que de «potencia» y «acto» debería hablarse de ser en potencia y ser en acto. En efecto, «potencia» y «acto» no designan cosas o aspectos de las cosas, sino modos de ser: algo está en potencia o está en acto.

                En segundo lugar, «potencia» y «acto» son conceptos relativos que hacen referencia a alguna determinación, cualidad o perfección: algo está en potencia o en acto con respecto a alguna determinación. Por consiguiente, cuando se habla de potencia o de acto deberá decirse con respecto a qué, o sea, cuál es el punto de referencia respecto al cual algo está en potencia o en acto.

                En tercer lugar, «potencia» y «actoi» también son relativos entre sí: algo está en potencia con respecto a un acto, o sea, tiene la capacidad de llegar a ser lo que ese acto significa. La potencia siempre se refiere a un acto. Sin embargo, la relación inversa no siempre es cierta: sin duda, en los cambios naturales siempre se da un paso de la potencia al acto, pero se puede pensar la existencia de un acto que no sea el resultado de un proceso de actualización de potencialidades: este caso no existe en la naturaleza, pero la reflexión metafísica muestra que la naturaleza remite en último término a un Ser que es Acto puro, sin mezcla de potencia, que tiene el ser por sí mismo. Este camino para llegar a Dios encuentra su base en la filosofía natural de Aristóteles y fue utilizado por Tomás de Aquino en su primera vía para probar la existencia de Dios.

e) Tipos de potencia y acto

                Por otra parte, se suelen distinguir dos grandes tipos de potencia y acto, según se apliquen esas nociones al ser o al obrar.

                Cuando se piensa en el ser, suele hablarse de potencia pasiva y de acto primero. La potencia pasiva se refiere a la posibilidad o capacidad de llegar a ser de un modo determinado, y estar en acto primero significa que se posee ese modo de ser.

                Cuando se piensa en el obrar, se habla de potencia activa y de acto segundo. La potencia activa es una capacidad de obrar de un modo determinado, y el acto segundo se refiere a la operación mediante la cual se ejercita de hecho esa capacidad.

                A la potencia pasiva le corresponde el acto primero, y a la potencia activa le corresponde el acto segundo.

                Obviamente, la potencia activa siempre pertenece a un sujeto que ya posee un modo de ser determinado: por tanto, que tiene ese modo de ser en acto primero. Y además, tal como lo expresa el conocido aforismo, el obrar sigue al ser. el acto segundo (el obrar, la operación, la actividad) es proporcional a la potencia activa (la capacidad de actuar se ese modo), y ésta es proporcional al modo de ser (lo que algo es en acto primero, su modo de ser).

d)  La actualización de potencialidades

                La actualización de potencialidades se comprende mejor cuando se la considera a la luz del concepto de información, entendida como un programa o un conjunto de instrucciones que están almacenadas en las estructuras naturales y que dan lugar a comportamientos específicos en cada situación concreta. La explicación aristotélica conserva su validez y, a la luz de los conocimientos científicos actuales, resulta especialmente adecuada para armonizar las perspectivas científica y filosófica.

                En efecto, la existencia de una información almacenada estructuralmente, cuyo despliegue depende de, los factores externos que intervienen en cada caso, permite comprender que el efecto pueda preexistir de algún modo sin que exista en miniatura y sin que los procesos estén unívocamente determinados. Veámoslo con mayor detalle.

                Durante mucho tiempo, quienes intentaban explicar el desarrollo de los vivientes se dividían en dos grandes grupos: los partidarios de la preformación afirmaban que el viviente existía desde el principio en pequeña escala y que su desarrollo consistía en el aumento de su tamaño, y los partidarios de la epigénesis sostenían, por el contrario, que a lo largo del desarrollo se producen auténticas novedades que anteriormente no existían. Los conocimientos actuales sobre la información genética permiten comprender mejor que los sucesivos resultados preexisten de algún modo en los estadios anteriores del desarrollo, sin que sea necesario, sin embargo, que preexistan sus configuraciones concretas. Por tanto, se producen auténticas novedades, pero también existe un programa cuyo despliegue explica los resultados.

                Esta explicación no se aplica solamente, al desarrollo de los vivientes. En las últimas décadas, las teorías acerca del caos determinista han puesto de relieve que la existencia de unas leyes que regulan los procesos no implican que los resultados estén unívocamente determinados, porque esas leyes se aplican en cada caso a unas circunstancias concretas, y bastan unas pequeñas diferencias en las condiciones iniciales

para que los resultados de los procesos sean muy diferentes, sin que sean, sin embargo, arbitrarios. De modo semejante, el despliegue de la información genética está condicionado por muchos factores en cada una de sus fases sucesivas, de manera que sus resultados no son arbitrarios, pero tampoco son forzosamente idénticos. Es fácil comprender, a la luz de estos conocimientos, que los procesos naturales responden a pautas, que esas pautas corresponden a una información almacenada estructuralmente, y que, sin embargo, todo ello no significa que los resultados se produzcan de un modo completamente determinista: incluso en procesos relativamente sencillos, la multiplicidad de los factores que intervienen implica una cierta indeterminación en los resultados y, por tanto, la existencia de novedades que no consisten en la mera copia o repetición de lo que ya existía.

                En definitiva, la existencia de pautas informacionales permite comprender que los resultados se producen mediante el despliegue de un plan preexistente y, al mismo tiempo, que ese despliegue es compatible con la producción de verdaderas novedades, ya que implica la confluencia de múltiples factores que difícilmente serán siempre idénticos.

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Romen

Romen escribió esta anotación hace 1 año. En ella habla sobre Apuntes y Filosofía De La Naturaleza.

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